Por ahora, la inteligencia artificial no está eliminando puestos de trabajo cualificados. Pero lo que sí está haciendo es reorganizar el trabajo de los profesionales juridicos más cualificados.
Qué tareas pesan más, cuáles pesan menos, quién las ejecuta y cómo se supervisan.
Ese es el cambio que importa. Y, a la vez, uno de los más difíciles de gestionar desde la función jurídica.
La pregunta que debería recorrer la lectura completa de este informe, desde la perspectiva de la dirección jurídica o del derecho laboral, no es si la inteligencia artificial va a sustituir abogados. Esa pregunta está mal formulada y conduce a respuestas inútiles. La pregunta operativamente relevante es cómo está alterando ya la composición interna del trabajo jurídico corporativo, qué capas de actividad absorbe primero, qué consecuencias tiene eso para la formación del criterio profesional y qué exigencias nuevas de supervisión y gobernanza impone a las direcciones jurídicas que decidan integrarla de forma seria.
Para entender por qué el informe merece una lectura atenta y no un titular rápido, conviene detenerse brevemente en su metodología. Lo que Anthropic propone no es una estimación genérica de cuántos empleos podría automatizar la inteligencia artificial.

